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Historias, Instituciones, Personajes

de Eduardo Alejandro Kesting
Cenmenterio Británico - Eliza Brown y Capitan Francis Drummond

 

Elisa Brown y el Capitán Francisco Drummond

1810-1827                                       1803 1827

La placa en su memoria dice lo siguiente :

"Victim of the trecherous wave"

Fuentes: Cementerio Británico de la Chacarita.

                Junín Histórico http://www.trynar.com.ar/JuninHistorico/ "El día en que Escribano fundó el fuerte".

Elisa Brown  por Alejandro Dolina

 

fuente: http://www.libretachatarra.blogspot.com/2006_03_01_archive.html

 

Pancho Drummond buscaba causa justas por los cuales batirse. Era escocés, pero luchaba en la marina inglesa. Peleó por la independencia de Brasil bajo las órdenes de Lord Cochrane, el enemigo de San Martín. Más tarde, quiso alistarse junto a las fuerzas argentinas que combatían a sus antiguos compañeros. Pero los brasileños lo metieron preso en Montevideo. Después de nueve meses, Drummond consiguió escapar e inmediatamente se incorporó a la escuadra argentina que comanda el almirante Guillermo Brown. Se radicó en Buenos Aires y empieza frecuentar la quinta del almirante en Barracas.

 

Allí conoció a Elisa, la hija mayor de Brown. Él tenía veinticuatro años y ella, diecisiete. Despacharon velozmente los penosos trámites que entonces imponía una seducción. Se comprometieron y planearon casarse cuando la guerra terminara Ahorraremos al relato las elegante conjeturas acerca de los encuentros y los sueños de los enamorados.

 

El 6 de abril de 1827, Drummond marchó a la guerra con la flota de Brown. Muy pronto se vinieron grandes dificultades Las cuatro naves argentinas enfrentaron a dieciséis barcos brasileños. El Independencia, comandado por Drummond, quedó varado en un banco, con grandes averías y agotadas sus municiones. Siempre propenso al arrojo, Drummond, que ya estaba herido, tomó un bote y fue arrimándose al resto de los barcos en busca de municiones para continuar la lucha. En el momento de abordar la goleta Sarandi, lo alcanzó una bala enemiga.

 

Drummond comprende que va a morir y, con la mayor premura, cumple sus deberes heroicos. Pronuncia unas palabras que evitan cuidadosamente la queja; entrega a su amigo, el capitán Coe, el anillo nupcial para Elisa y alcanza a mantenerse vivo hasta la llegada del propio almirante, en cuyos brazos muere.

 

Lo velaron en la comandancia de marina y lo enterraron con honores en el cementerio protestante. Elisa recibió la noticia sin derramar una sola lágrima. Algunos dicen que la envolvió una silenciosa demencia.

 

Pasaron los meses. Una tardecita de diciembre, se puso un inexplicable traje de novia y se metió en el río, cuyos juncales llegaban hasta el fondo del parque. Ella se ahogó, por suicidio o por accidente.

 

El almirante Brown nunca pudo reponerse se aquella tragedia. Guillermo Enrique Hudson lo vio muchos años después, vestido de negro y parado en la puerta de su casa, mirando fijamente a la distancia. Le pareció un fantasma.

 

Cuando Hudson escribió sus líneas, la pena de Brown ante el recuerdo de su hija era ya otro recuerdo y otra pena. Hoy, el propio Hudson es un fantasma. La quinta de Brown, con sus sauces, sus álamos y los dos cañones de Garibaldi adornando la puerta, forma parte del más perfecto olvido.

 

En su lugar se alza la plazoleta Elisa Brown, pálido homenaje municipal a su memoria.

 

 

Francis Drummond (y Eliza Brown) por Dr. Oscar Andrés De Masi

 

Este marino escocés, nacido en 1797, o en 1803, aparece en Sudamérica bajo las órdenes de Lord Cochrane, el almirante de la flota sanmartiniana que libertó al Perú. Cochrane, distanciado de San Martín, comandaba en 1823 la escuadra imperial del Brasil. Oficial predilecto de Cochrane, Drummond habría viajado con él a Inglaterra en 1825. Vuelto al Brasil en octubre del mismo año, al parecer se lo acusó de espía del Río de la Plata y fue encarcelado. Lo cierto es que aclarada su situación (o no), pidió la baja de la marina brasileña, ya en guerra con la Argentina, y se embarcó a Montevideo. Pero he aquí que, recién desembarcado, es puesto preso nuevamente, esta vez por nueve meses, consiguiendo evadirse. A principios de 1827 aparece incorporado a la flota del almirante Guillermo Brown, al mando de un buque con el cual participó activamente en la batalla de Juncal. Por su heroico desempeño fue condecorado y ascendido. Lo encontramos en batalla nuevamente, frente a las costas de Ensenada, durante el combate del Monte Santiago (aún yacen en el fondo del río numerosos cascos y enseres a la espera de una campaña arqueológica subacuática. Dicen algunos buzos que hasta olor a pólvora se siente en aquel lecho fangoso... ). Drummond se bate en inferioridad numérica y agota sus municiones. Trasborda de su buque al “República”, pero apenas pone pie en la cubierta, una bala de cañón lo hiere gravemente. Asistido por sus camaradas, alcanza a decir unas últimas palabras al oído de uno de ellos: “¡Amado Juan, la vista se me nubla y no veré más las montañas de Escocia! Recibid mi reloj para que lo envíes a mi madre y este anillo que entregarás a Eliza Brown. Decid al general [Brown] que muero contento, porque creo haber cumplido mi deber, como un hombre debe morir.” Parece que tuvo tiempo de repetir la frase ante el propio Brown y que murió a bordo de la nave Sarandí el 8 de abril de 1827. Su carrera fue “corta pero gloriosa”, escribió Michael G. Mulhall (“The English in South America”, 1878). En general, los historiadores (Udaondo y Beccar Varela, por caso) sólo registran la última parte de su frase agónica. Maxine Hanon (“Diccionario de británicos en Buenos Aires”), en cambio, cita la frase íntegra. La alusión a Eliza Brown, la hija del Almirante, requiere abrir otro capítulo en nuestro relato: todo indica que Drummond, muy estimado por Brown, se alojaba en su casa de Buenos Aires, en el suburbio de Barracas. Allí conoció y enamoró a la joven Eliza, que no había cumplido los dieciocho años. No sabemos cómo recibió la niña la noticia de la muerte de Francis. Se dice que nunca se repuso.

 

¿Pudo haberse quitado la vida? Lo cierto es que el 27 de diciembre de 1827 se ahogó en un pozo en el Riachuelo. Sus funerales fueron impactantes, con un cortejo de cuarenta carruajes, en marcha hacia el cementerio del Socorro (el primero de que dispusieron los británicos en Buenos Aires). En ese mismo cementerio yacía, desde el 9 de febrero, su amado héroe. Maxine Hanon en su “Diccionario de británicos en Buenos Aires”, señala que el cortejo de la niña pasó frente al sepulcro del marino. Tal vez no había otro camino disponible... El epitafio de Eliza decía: “víctima de la ola traicionera”, con evidente romanticismo retórico (pues, como dije, fue un “pozo traicionero” la causa del accidente. Pero no parece una metáfora muy adecuada...) Con respecto al sepulcro de Drummond, en 1828 se agregó un monumento escultórico con trofeos navales, por encargo de sus amigos.

 

Hasta aquí, los amantes yacen cada cual en su tumba del Socorro. Pero ¿qué ocurrió cuando el viejo enterratorio se trasladó con sus difuntos al cementerio de la calle Victoria? En este punto las versiones sugieren un episodio que parece extraído de “Cumbres borrascosas”, cuando el inefable Heathcliff logra ser enterrado próximo a Catherine... “He soñado -dice Heathcliff- que dormía el último sueño junto a ella, inmóvil mi corazón contra el suyo y mi mejilla helada contra la suya... ” y nuestra Victoria Ocampo comentará: “como sus cuerpos no se han mezclado en la tierra, que se mezclen bajo tierra” (1959).

 

¿Ocurrió algo similar en el caso de Drummond y de Eliza Brown? ¿Será cierto que al abrir la fosa pudieron verse sus dos ataúdes atados con una cadena?

Dr. Oscar Andrés De Masi

Asesor Legal de la CNMMyLH

Coordinador del Programa de

Valoración del Patrimonio funerario

 

La escuadra de Brown contaba con sólo 4 buques, mientras los brasileños disponían de 16. No obstante, durante 48 horas soportaron el fuego aplastante del enemigo.

 

El "Independencia" había quedado con varias piezas inutilizables y carecía de municiones, encontrándose reducido a la impotencia. Esta circunstancia decidió a Brown a ordenar el desembarco de la tripulación de la nave y el incendio de su casco.

 

Pero aquel grupo de valientes marinos se resistió a abandonarla. Reclamó medios para continuar la lucha y siguió afrontando el combate de la escuadra enemiga. El comandante Drummond se encontraba herido: había perdido una oreja como consecuencia de una explosión. No obstante se decidió a procurar de cualquier modo la indispensable munición.

 

Se embarcó en el único bote disponible y se dirigió hacia el "Sarandí", que comandaba el bravo Coe. Pero su arrojo no pudo evitar la fatalidad: una bala lo hirió mortalmente no bien pisó la cubierta de la nave. Agonizante, llamó a Coe y le dijo : "Amado Juan, la vista se me nuble, son atroces los dolores que sufro y la sed me devora. Recibe mi reloj, para que lo envíes a mi madre, y este anillo que lo entregarás a Elisa Brown..."

 

Brown se enteró de lo ocurrido y aprovechando la oscuridad se trasladó al "Sarandi", allí pudo confortar en sus últimos momentos a aquel valiente que estaba destinado a compartir la vida de su hija.

 

Cuando Elisa recibe la triste noticia y el anillo nupcial que Drummond le enviara antes de morir, es abatida completamente por la pena. Ya sin consuelo e imposibilitada de similar aquella pérdida, se dirigió un día hacia el Río de la Plata y se sumergió lentamente en sus aguas.

 

Así murió la hija del Almirante. Fue el 27 de diciembre de 1827. Ambos fueron enterrados en el Cementerio Británico del Socorro, luego trasladados al Cementerio Británico de Victoria.

Cementerio Británico - Placa en memoria de Elisa Brown
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Eduardo A. Kesting

Una Historia de Amor

 

La muerte de Elisa Brown fue el desenlace de una penosa circunstancia y encierra una emotiva historia de amor. Elisa nace el 31de Octubre de 1810 en Inglaterra.

 

Elisa amaba al Sargento Mayor Francisco Drummond, un escocés nacido en 1803, que partió para el Río de la Plata en 1826. Llegado a nuestra tierra tuvo intensa acción militar; así, por el arrojo demostrado en la Batalla del Juncal, en la que luchó al mando de la goleta "Maldonado", fue nombrado Capitán.

 

Poco después sería designado por el Almirante Brown como Comandante del bergantín "Independencia", nave de 22 cañones con la que tomó parte en el combate de Monte Santiago, librado el 7 y 8 de abril de 1827.